Debido a la posición dominante y oculta de este enclave, la sensación de privacidad, paz, sentirse «fuera del mundo» es palpable.
Este aislamiento es sin embargo muy relativo porque el pueblo más cerca está a sólo 5 minutos en coche, ofreciendo todas las comodidades habituales (supermercados, restaurantes, bares, consultorios médicos, farmacia, etc)…
Es esta milagrosa contradicción la que hace que este lugar sea
excepcional en un mundo que a veces está muy invadido por la
civilización.
Horizontes infinitos, un grandioso paisaje sin edificios visibles, nos
sumergen en una atmósfera que nos reconecta totalmente a la
naturaleza.
En el pasado lejano, este paraíso perdido fue el hogar de tribus
Paleolítico.
Un importante dolmen cerca de la casa principal es testigo de esto.
Si la imaginación acompaña, cuando cae la noche, la huella del valle
prehistórico, la encantadora atmósfera de la naturaleza invisible y sus lejanos sonidos de eco, nos conectan a un mundo lleno de magia.